Trabajos prácticos de alumnos de DeporTEA

Más que un equipo

por Lucila Morinigo (trabajo ganador  del 1º puesto – Concurso Periodístico 2014 en 2º año)
 
El bullicio de un café céntrico en horas vespertinas pareciera suspenderse por unos segundos. Una mirada perruna, cálida, abre el paso entre las mesas, con respeto y orden, como enfrentándose al mundo; ése mismo que quien lleva su correa y arnés, no ve hace más de veinte años. Entre sonrisas y algún que otro café, la rutina del público consumidor retoma su curso.

Un escalón, viejo enemigo, pausa por un momento el andar de Chia, que posa en él sus patas delanteras y espera la natural respuesta de Clara. “Primera señal, así se indica un escalón”, comentaría luego. “Sit down, Chia” y los ojos cálidos observan una vez más, desde el suelo.

Clara Marzullo (56), casada y con dos hijas, relata con dedicación su historia e ilumina el camino del que ignora sus obstáculos. Cuenta también sobre su enfermedad, la retinitis pigmentaria inversa, que le descubrieron a los 19 años por casualidad, tras consecutivos diagnósticos fallidos. “Me trataron de todo menos de lo que era. Una doctora, de las tantas que conocí, supuso algo y me mandó a Buenos Aires, donde finalmente me diagnosticaron correctamente”. Esta afección le limita el campo central de visión y, con el paso del tiempo, la ceguera se acentúa más.

“Más que un ejemplo de vida, cambiaría lo que dicen los demás por ‘ejemplo de trabajo’. Si uno se estancara – hace una pausa y se corrige – que sí, obvio, pasa, no estaríamos siendo justos con nosotros mismos”.

  • ¿Y cómo fue tu reacción?
  • Y… yo primero no hice mucho caso porque no es que NO veía, sólo me costaba. A los 32 tuve que jubilarme, la municipalidad me obligó. Era maestra de grado.

 

Sin embargo, en ese entonces, ya tenía a una de las nenas asi que me dediqué a la crianza.

  • Si bien no hacías mucho caso, ¿hubo tratamientos, operaciones?
  • Sí sí, de todo… pero no se arregla con nada. Tomé un té mágico que decían que curaba y hasta viajé en los 90’ a Cuba, donde me operaron. Fui la primera marplatense en operarse con esa técnica. No hubo caso.
  • ¿Era como una fase de negación?
  • Si, uno primero se niega. En el 98’ entré a UMASDECA (Unión Marplatense De Acción Social Por Los Derechos Del Ciego Y Ambliope) para una primera rehabilitación pero veía que estaban todos los ciegos y decía ‘qué hago acá si yo veo’. Pero no era la realidad, yo no veía, no veo. Estaba negada. Me fui, me borré.
  • ¿Y cuándo fue tu cambio de actitud ante lo que pasaba?
  • Y después de tantos golpes… (risas). Al principio me manejaba con las nenas, pero igual me tragaba árboles. De noche, ni te cuento.
  • Hasta que…
  • Hasta que me pasó una horrible en 2004. A mí me encanta ir por la costa, caminar. Iba por el bordecito de la calle y me tragué literal una traffic blanca. Sí, así como el Coyote del Correcaminos (risas). El sol me encandiló y me la choqué.
  • Ahí fue tu click
  • Tal cual. Ahí reaccioné. Necesitaba ayuda y recién me daba cuenta. Volví a UMASDECA, donde me anoté en un curso de computación e hice la rehabilitación.

Clara recuerda los primeros momentos de la terapia de grupo en la institución y lo bien que le hizo. “Encontrar gente que pasó por lo mismo me acomodó. No me sentí sola en esta enfermedad que es rara. Hasta resultó que todos habíamos probado ese famoso té mágico”, susurra con complicidad.

UMASDECA presta servicios de rehabilitación, guía y cursos para los afectados visuales. Allí se practica el uso de herramientas y movilidad con ellas, como por ejemplo, el bastón blanco. “El bastón me costó horrores. Aprendí, pero no me sentía segura, no formaba parte de mí”, comenta Clara.

  • ¿Cómo llegó Chia a tu vida?
  • Chia es una labradora negra, tiene 9 ahora. Fue lo mejor que me pudo haber pasado. Me devolvió todo, la autonomía más que nada. Para fines del 2007 ya estaba acá conmigo.

 

En Argentina sólo hay 24 perros guía. Un número ínfimo cuando se estima que el 1% de la población tiene ceguera o ambliopía sobre el 10% total que posee alguna discapacidad.

Los lazarillos son traídos de Minnesota, Estados Unidos, donde sucede toda su etapa de crianza y adiestramiento. 300 de una camada de 500 labradores Retriever, son los elegidos.

El Club de Leones, reconocida organización internacional, tiene programas especiales de ayuda y servicio para la comunidad. Uno de esos programas apoya a los disminuidos visuales, por lo tanto, están involucrados en la gestión de los perros guía. El proceso de solicitud del no vidente que quiere adquirirlos es largo ya que consiste de varios exámenes de salud, formularios y hasta la filmación de un video con sus tareas cotidianas y lugares que frecuenta.

Lucila Morinigo 2do Año Periodismo General 27/10/2014

 

Luego de 1 año y cinco meses el interesado debe viajar a Minnesota donde pasará 28 días con el perro, para establecer el vínculo y para que los profesionales evalúen su desenvolvimiento. Una vez logrado el equipo de trabajo, se vuelve al país de origen.

En nuestra ciudad, quien ayudó a Clara y la recepción de Chia fue Gladys Correa, coordinadora del UMASDECA y dueña de Ty, un labrador color miel.

“Acá en Argentina recién el año pasado aparecieron los primeros dos lazarillos puramente nacionales, para economizar. El tema está en que el Club de Leones de cada país debe donar anualmente 10.000 dólares a la escuela de EE.UU y como no lo hicieron, desde el 2011 dejaron de aceptar solicitudes argentinas y los perros no ingresan”

Gladys nació con cataratas congénita y, por diversos tratamientos, su enfermedad evolucionó a un glaucoma que le produjo la pérdida de su ojo derecho. Toda su vida se manejó independientemente con la ayuda del bastón blanco. “Con Ty me permití muchas cosas, confié, pude ir a una plaza por primera vez. En algún idioma oriental, su nombre significa paz y es verdad, me trajo paz. El lugar más lejano que fui con él fue Australia, por una reunión mundial de no videntes”.

  • ¿Cómo es la reacción de la gente cuando subís a un colectivo o entrás a un café?
  • Ahora es muy buena, antes no porque no estaban al tanto de nuestros permisos o la ordenanza que tenemos a favor, la 18.229. A Clara le pasó una vez en el Shopping, vino hasta la Policía. Es una lástima que eso pase porque denota la falta de difusión sobre este tema.

Gladys y Clara tienen a los únicos dos perros guía de toda nuestra ciudad. Para su entorno y familia, tal vez cumplan el rol de una mascota, pero para ellas, son más que completar un equipo.

 

 

Bibliografía

Club de Leones Argentina: www.leonismoargentino.com.ar

Entrevistas realizadas en agosto del 2014 a:

-Clara Marzullo

-Gladys Correa

Listado Ordenanzas municipales: http://www.mardelplata.gob.ar/documentos/gobierno/bibliografia%20ddhh.pdf

 

 

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