Trabajos prácticos de alumnos de DeporTEA

Lo imperfecto de la perfección

Trabajo final realizado por el alumno Rodrigo Bolaños (3º año de Periodismo Deportivo)

Las personas tenemos, entre tantas virtudes y falencias, dos cualidades que trascienden negativamente hoy más que nunca: la obsesión y el perfeccionismo. Esta cuestión se da hoy y no antes, dado a la mejora y el desarrollo de las invenciones tecnológicas que progresan ilimitadamente cada día. Cuanta más inteligencia y capacidades obtenemos, mayor es la necesidad de convertirnos en máquinas que lo quieren todo y ya.

Desde épocas remotas, el humano ha intrigado sobre sus orígenes y paraderos. A causa de esto, posteriormente se ha cuestionado  -y encontrado ciertas respuestas-  acerca de su existencia y de lo que acontece. Luego ha intentado sumergirse en enigmas difíciles de especificar: qué es el Ser, qué esconde el Universo o en lo que refiere al fenómeno de la Cultura. Con el advenimiento de estas inquietudes, resulta lógico descubrir por qué surgieron  campos como la ciencia y las matemáticas, o expresiones como el arte y la filosofía, que han colaborado en mayor y menor medida a la evolución del hombre en la Tierra.

Algunos dirán que el mundo moderno está loco de remate, y así y todo lo aceptarán. Otros, notarán que es sólo parte del proceso evolutivo y observarán con vista buena los grandes cambios sociales y los firmes avances que se experimentan. Paralelamente habrá quienes  decidan que ese no es el mundo donde prefieren vivir y opten por otro estilo de vida menos dependiente del resto. En definitiva  estas percepciones son las que nos diferencia unos a otros y nos llevan a la autenticidad.  Pero resulta ineludible: ¿Será posible, de alguna manera, vivir conectado al sistema pero fuera de él? Es decir, ¿Podemos disfrutar de lo que nos ofrece el mundo moderno sin quedar atado necesariamente al mismo, y a sus excesos irresistibles?

Luego de la culminación de la Guerra Fría y del debilitamiento del comunismo (a principios de la década del ’90) se instaló el concepto que hoy comúnmente llamamos Globalización. Este fenómeno que relaciona a todos con todo, se vio potenciado con la llegada de Internet y pareció haber terminado con las fronteras tanto demográficas como sociales  en el siglo XXI: todos estamos unidos y relacionados de alguna manera , conformando grandes comunidades que interacciona entre sí.

Hoy sucede que con el sólo hecho de “clickear”, “levantar el tubo” o “mensajear”, emisores y receptores pueden comunicarse directamente sin importar los miles de kilómetros que los distancie. Al trazar una comparación  con los no tan viejos métodos de comunicación, estas facilidades tendrán virtudes a su favor que invitan a descartar al patio trasero  los mecanismos de antaño. En la web  vertimos infinidad de datos personales para que sean compartidos con el resto de los internautas, y viceversa.

Pero estos progresos tecnológicos, además del significado futurista y útil que asumen, son potenciales armas de doble filo si es que aun se pretende que, por ejemplo, la identidad permanezca reservada bajo llave y candado y goce de privacidad, dado que es prácticamente imposible la intimidad y el anonimato frente a la desmedida exposición que nos desafía. Se puede decir que muchas cosas vamos  ganando, pero también muchas otras vamos perdiendo. Cambiamos tanto costumbres como artefactos que reemplazamos, o peor aún, perdemos para siempre.

Al placer tan  único de viajar varios pensadores futurólogos ya lo observan en vías de decadencia. Sí, el hecho corriente de subirse a un avión, un barco, un tren o cualquier medio de transporte moderno, aunque suene irreal, es posible que vaya disminuyendo en algún futuro ni cercano ni lejano. Por supuesto que esto no quiere decir que las personas no viajen nunca más luego de los cambios que la tecnología produzca en el mundo del siglo XXI, pero sí es una realidad que ya aparezcan usuarios que no salen de sus casas ni a trabajar porque se los permite una pantalla, un teclado y una buena conexión.

El mundo moderno respira acelerado, en una búsqueda insaciable de la perfección humana a causa de las exigentes demandas que imponen sus nuevas tendencias. Y aunque serán mayoría los que decidan dejarse llevar por lo irresistible… ojo, no serán  pocos los que prefieran ser del grupo de los imperfectos.

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