Trabajos prácticos de alumnos de DeporTEA

La imparable democracia

Por Emiliano Quezada

Desde hace algunas horas, el recién nacido país libio ha decidido encarar el largo camino hacia la democracia. Caído Muamar Kadafi, quien ostentó el poder de esas tierras durante más de 40 años, Libia tomó de la mano al imperialismo que, según dicen Obama, Sarkozy y toda la tropa, la llevará al indispensable desarrollo.

Aleluya! Gritaron los (en su mayoría) musulmanes, mientras disparaban sus ametralladoras al cielo y se arrodillaban para rezar y agradecer a quien correspondiera, por el ansiado obsequio recientemente recibido: la libertad.

Pero quizás se olvidaron de preguntar acerca de lo que vendrá; aunque esto no es reprochable, teniendo en cuenta que el entusiasmo que vive el país no permite delimitar las consecuencias que vendrán. Por eso, yo que tengo la posibilidad de preguntármelo frente a una máquina de escribir y con casi tantas preocupaciones como disparos recibió Kadafi, no voy a perder la oportunidad.

Vamos por partes dijo Jack: Muamar Kadafi gobernó de manera autoritaria por más de 40 años al país libio, uno de los más poderosos en el continente africano y el país con más crecimiento económico. El territorio cuenta con recursos de distintos tipos, que fueron ampliamente explotados durante su mandato, pero aún hay reservas de sobra para otro posible dictador.

¿Dictador? Preguntará, incrédulo, Fidel Castro mientras le convida fuego a Chávez en un almuerzo, reunidos para delinear la carta de despedida a su antiguo amigo. Los manuales de guerra advierten que uno conoce a su rival por los enemigos que tiene, pero también por sus aliados. Y quien esto escribe comparte más ideales con los socios de Kadafi que con sus enemigos, aunque no soporte las “formas” por las cuales ejercen esas ideas.

Porque después de todo, ¿Bajo qué normas morales juzgamos el actuar de estos funcionarios paternalistas, que se atrincheran con el poder en sus manos bajo el estandarte de “abajo el imperialismo”?

Si hoy el régimen de Kadafi está en la hoguera, es porque también le tocó ir al de Mubarak (Egipto) y al de Ben Alí (Túnez). Como también le llegó el momento al tan vanagloriado “rey de reyes”, Haile Selassie, a principios de la década del 70 en Etiopía.

Causas distintas pero resultados similares tuvieron estas dictaduras comparas con las que sucedieron del otro lado del océano, como por ejemplo los gobiernos totalitarios de Videla y Pinochet. Tanto los africanos como los americanos compartieron el modus operandi para mantener el poder: genocidios, torturas y violencias a la misma razón humana.

Dicho esto me retracto, creo que no comparto ningún ideal con un dictador, es sólo que da miedo saber quién y qué vendrá. Genera temor saber que la historia se puede repetir. Que el lobo se disfrazará de cordero nuevamente. Y que una nueva dictadura volverá a usar el disfraz de la democracia.

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