Trabajos prácticos de alumnos de DeporTEA

Esto es a la gorra, ¿viste?

Historia de vida realizada por la alumna María Emilia Martos Orlov, ganadora del 1º puesto del concurso periodístico “Becas 2014”.

 

“¡Vamos!, anímense todos a bailar el bombón asesino”. El sol en posición vertical al suelo cumple su función en el cielo. Los cuerpos no forman ninguna sombra. Las doce del mediodía de un caluroso día de invierno entran por los ojos mientras que, los lobos marinos de piedra, miran al cielo .Grandes, chicos, mujeres, hombres, hasta perros. Un tumulto de gente rodea una serie de equipos de música apoyados sobre una mesita. De esta cuelga una bandera de tafeta color roja con letras en dorado glasé, donde se lee: SIMPLEMENTE GLADYS.

 

La bomba marplatense, como se hace llamar haciendo alusión a Gladys la bomba tucumana, se pasa los dedos por el pelo y con una tibia sonrisa dice: “No sé de qué vamos a hablar, yo lo único que hago es cantar y bailar”, y agrega: ¨ Lo mío es entretener a la gente, pero no es que seamos payasos, ¿viste?¨. Gladys es robusta, de baja estatura y tiene el cuerpo de una abuela que te cuenta cuentos en camisón. Con sus paletas desviadas, su manera particular de sacudir las manos cuando habla, y su voz rasposa, cuenta: “Desde muy chiquita que canto y bailo, vengo de una familia de artistas, amo la música“, y recuerda:

“Hace 15 años que hago shows acá. Primero empecé cantando con un hombre, pero después, con el tiempo y las ganas de sacar un mango más, la relación se desgastó, como todo ¿viste?”, hace una pausa y añade: “Entonces yo me abrí, tome mi parte, y ahora estoy en conjunto con Liliana que es la señora que esta allá”,  señala con su dedo índice de uña pintada.

Liliana es rubia tinte número cinco, tiene el corte de pelo que tenía David Bowie en el 76 y unas curvas voluminosas que de las miradas no se salvan. “Es muy buena compañera, le da mucho brillo a esto y anima a la gente”, afirma Gladys.

 

-¿Cuántos años tiene Liliana?

 

-Debe tener… (Piensa y ríe avergonzada) Supongo que la misma edad que yo (sin confesar)

 

Gladys, es oriunda de Tandil, pero se considera puramente marplatense. Es agnóstica y fanática de Gilda. Desde hace años su trabajo es arte a la gorra. Ella canta y baila música tropical para la gente que pasea por la rambla todos los  fines de semana. “Me encanta lo que hago”, confiesa con entusiasmo mientras se acomoda sus  anillos. “ A mí, cuando me falta esto, la gente se da cuenta, es como una terapia, llega el viernes y ¡uff!, me pongo como un nene con chiche nuevo”.

El espectáculo está casi siempre atestado. Gente nueva y clientes de toda la vida esperan ansiosos el viernes para ir a verla, ya sea para divertirse un rato y escuchar música, o para salir de su casa y de su propia cabeza. “Muchas de la personas que se acercan tienen sus mambos, algunos tienen depresión, o vaya a saber que les pasa en su mundo. Entonces, vienen y se olvidan por un rato de los problemas, se sienten contentos, bailan y cantan. Esa es nuestra mayor recompensa “.

 

Cada arruga en los rincones más escondidos de su cara son evidencia de las horas bajo el sol acumuladas. La rubia de rulos nunca se saca sus aros, sus anillos, mucho menos el gorro. “Este sombrero me lo regaló un hombre hace añares un día de verano, de esos que no corre viento y que sentís que tu cabeza va a explotar”, Carcajea, y haciendo un gesto de estallido sobre su cabellera platinada, completa: “Desde ese día no me lo saque más”.

 

Los artistas callejeros cortan con la monotonía de los transeúntes que pasean por las calles con sus gracias. Esta celebridad del sector under, más allá de disfrutar lo que hace, vivió situaciones límite. La rambla es un lugar cercano a la zona céntrica, que bordea la costa de Mar del Plata. No hay un horario específico para que la gente se junte ahí a hacer cualquier tipo de cosas. “Tenemos muchos problemas con los que vienen a tomar alcohol o a drogarse”, explica Gladys y recuerda: “Yo ayer estaba haciendo el show y al costado había gente drogándose entonces, los que habían venido a verme se terminaron retirando”.

-¿Por qué crees que pasan este tipo de cosas?

 

-Y… los problemas son por la falta de educación y el hambre. Si no tenés educación ni comida no podes vivir, y es así de fácil. Terminas cayendo en la depresión, en las adicciones, y se arma una cadena  ¿viste?

 

Gladys se acomoda la chalina de brillos con canutillos incrustados y con aire más serio puede declarar: “No sé cómo piensan frenar todo esto, uno no puede hacer nada, ni siquiera la policía hace nada”.

 

Además de ser la reina de la bailanta o, la “Cumbiera de la calle” como ella se apoda, Gladys, es abuela de seis, madre de dos y mujer de uno. “A mis hijos no les gusta venir a verme”, comenta, se aflige y agrega: ” Por allá, de vez en cuando andan con mis nietos  y vienen a saludar pero, no les gusta el ambiente, ellos son hijos y no se sienten bien si hay una persona tomada o algo. Ellos quieren defender a su mamá”.

Gladys tiene una historia de amor, como esas de antes, de las que te casás una vez y estás junto a esa persona toda la vida. Rubén  y ella  se casaron hace 40 años, cuando solo tenían 15 primaveras de vida. (Acá es cuando, sin intención, Gladys delató su edad). La cumbiera afirma no haber tenido otra historia que la de su marido, y con su repetido “¿viste?” al final de sus oraciones, dice: “Romances me han adjudicado como mil (entre risas), o sea, tengo algún que otro admirador, pero Rubén es mi único amor ¿viste?”. Pedro Rubén trabaja en su taller de carpintería, tiene artrosis y a pesar de esto, usa todas las articulaciones para seguir los pasos de baile de Gladys. “A veces, cuando no le duelen las piernas, bailamos juntos en casa. Rubén me acompaña, me tiene paciencia, me apoya, me escucha y lo más importante, me soporta todo esto del canto porque sabe que es mi sueño”, revela con ojos brillosos.

 

La charla se interrumpe con un bocinazo y la distracción de Gladys. Desde lejos se ve un Renault 12  color bordeaux inmaculado. “Hablando de Roma, ahí llegó mi marido”. Rubén se acerca sin ánimo de interrumpir y empieza a cargar los equipos en el auto. Cuando termina se acerca a Gladys y le dice: “Dale má, apurate que juega Racing”. Gladys agarra su cartera marrón con hebilla dorada y se alista para volver a su hogar.

La rubia de sombrero y toda la pituquería hace más de 15 años que está ahí, y al parecer lo hará hasta su juicio final.

-Hasta luego Gladys, un gusto conocerla y verla bailar.

 

No hay ironía, ni lamento, ni suspiro- en la voz que dice:

 

– Chau, espero que te sirva mi historia, buena o mala, es la mía. Algunos dirán que me chifla el moño, otros que soy sapo de otro pozo, pero si ser feliz, haciendo lo que te gusta, es locura, de ahora en más voy a ser:

“SIMPLEMENTE LA LOCA GLADYS”.

 

 

 

2 Respuestas to “Esto es a la gorra, ¿viste?”

  1. Nahuel Bovelli dice:

    Muy bueno el articulo respecto de algo que tenemos cerca nuestro en cada colectivo, auto o moto que pasa por la rambla. Felicitaciones.

  2. Mati Saldivar dice:

    Muy buena nota y observación

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