Trabajos prácticos de alumnos de DeporTEA

El patrón sin tierras

Por Santos Smith Estrada (trabajo ganador del 2º puesto del Concurso Periodístico 2014 – 2º año)
 

Después de recorrer cuatro kilómetros de camino de tierra, tal cual me indicaron, llego a la segunda tranquera. La abro y sigo. A lo lejos ya se puede ver el casco principal de “La Estancia”. A pocos  metros de llegar, salen a correr el autodos perros de gran porte de color marróny con un ladrido muy grueso.

Freno el motor y espero a que alguien aparezca. Los perros siguen ladrando sin sacarme  la mirada de encima mientras rodean el auto. Se abre la puerta de la casa y aparece Juan. Le chifla a los perros, y a la misma velocidad que corrían el auto, se vuelven hacia él. Ahora sí, me animo a bajar.

“Buenas tardes. ¿Llegaste sin problemas?”,dice y me da la mano firme. Empuja la puerta para darme paso, entro y atrás míolo haceél. “Ella es mi pétalo, Mabel”,  y con una sonrisa cómplice me presenta a su mujer. Mabel tiene un pantalón de corderoy negro, borceguies y un buzo depolar también color negro. Juan tiene la piel marrón, lisa, sin imperfecciones. Su vestimenta no sorprende: botas de cuero, bombachas de campo, camisa y chaleco de lana a cuadros.

Nos acomodamos en una pequeña mesa de la cocina que está contra una ventana, donde se ve el paso del camino de entrada. El agua se calienta en una pava de chapa sobre una cocina industrial. El mate está listo. Prende el primer cigarrillo, “un negro”, Imparciales largos.

-Me dijiste que vos sos de Cipolletti, Río Negro y Mabel de Mar del Plata. ¿Cómo se conocieron, y cómo llegaron a La Estancia?

-No, en realidad soy de Neuquén. Nací ahí, pero como soy feo me tiraron del otro lado del río. Nací en Neuquén pero me crié en Cipolletti. A los 14 años me vine solo a Mar del Plata. Yo tenía un amigo acáque me rompía para que vaya con él a las kermeses. Ahí la conocí a Mabel. Yo me estaba por casar, tenía las alianzas, todo. Ahí fue cuando le dije:“Yo me voy a casar con la gordita”. Y así fue, hable con quién era mi novia en ese momento, mi suegra, les conté “me pasa esto, esto y esto”, y suspendimos el casamiento. Cuando yo tenía 25 y Mabel 20 nos casamos. Diez años después entramos en La Estancia, en noviembre del ’83. Ahora, en septiembre dejamos de trabajar, para cuando nos vayamos van a hacer 31 años y 10 meses desde que estamos acá.

Juan llegó a Mar del Plata y empezó a trabajar en una casa de fotografía. Hacía los marcos y trabajaba 6 días a la semana. Si bien se casó con Mabel, se veían muy poco y no tenían capacidad de ahorro, ni de disfrute. En sus días libres frecuentaban la Laguna de los Padres. Pesca, maté, sierra y sus incansables ganas de vivir al aire libre eran su motivación. Kiko, su amigo, quién sin darse cuenta le puso frente a él a la mujer de su vida, le volvería a jugar una buena pasada.

“Una vuelta andábamos con Kiko por la zona de La Serranita y hablando con él le pregunté sobre la posibilidad de encontrar un laburito en el campo. Me preguntó: ¿Y qué sabes hacer de trabajo de campo? Yo le contesté: Nada”, comenta Juan,entre las risas de Mabel que ordena la cocina pero no se pierde ni un segundo de su relato.

A los pocos díasrecibe una llamada de Kiko: “Agregale agua al guiso que me parece que tengo noticias”. Cuando Juan iba llegando a su casa, la cuadra estaba revolucionada. Había una Ford Ranchera en la puerta. Entra y en la cocina estaba sentado quién sería su patrón por muchos años. Un reconocido corredor de autos, un hombre de campo, de revistas del momento casado con la actriz del momento, una persona muy influyente en la zona de La Estancia.

“Hablamos y me comentó del trabajo, era para entrar de caseros. Yo ya quería empezar, pero el patrón al notar mi entusiasmo me aclaró: “Mirá que no es una casa chica eh. La Estancia es un nido de víboras, yo en Buenos Aires me entero de todo lo que pasa”. Me ofrecieron estar tres meses a prueba, al mes y medio vino su apoderado y  me trajo los papeles para que firme y pase a ser empleado fijo”.

Cuando Juan llegó al campo eran 9.800 hectáreas, había más de 14.000 cabezas de ganado y 167 empleados, algunos de ellos con sus familias. Las dimensiones de todos los sectores de este lugar son un testimonio de lo que cuenta. Comedores interminables, cocina industrial, cuatro heladeras, cancha de futbol, cancha de pelota-paleta, pileta, lavadero, livings gigantescos, más de 10 habitaciones.

“En vida del patrón, esto era un barrio miniatura, a la hora del té había 40 invitados. En verano Mabel trabajaba con 6 chicas más. Acá teníamos mecánico, carniceros, peones de a pie y a caballo, surtidor de nafta, cochera, petiseros”, comenta con un gesto de nostalgia en su mirada. Su memoria nítida deja en evidencia que sus 30 años en el campo se le pasaron muy rápido. Habla con una jerarquía y conocimiento del lugar como si él fuera el verdaderodueño.

-¿Y cómo fue entrar con tantos empleados trabajando, ser “el nuevo”, y encima ser el casero, que es un trabajo que requiere de mucha confianza por parte del dueño de La Estancia?

-Los gauchos no me la hicieron fácil. Siempre respeté mi lugar de trabajo y el de los demás. En los primeros meses yo trabajaba bajo la supervisión de otra persona, pero él nunca me dejaba terminar ningún trabajo. Así que hablé con el patrón y le comenté la situación, le dije que yo era una persona que empezaba y terminaba lo que hacía. Así que a partir de ese momento empecé a ser mi propio patrón.

Juan aparenta ser ingobernable, pero no por rebelde, sino porque es de esas personas que no hay que decirle qué tiene que hacer, él sabe qué es lo que tiene que hacer. En poco tiempo se ganó la confianza de su patrón y de toda la familia. Crío hijos, sobrinos y nietos ajenos durante muchos años. A la legua está claro que es descendiente Mapuche. Neuquino con la piel tostada, de baja estatura pero macizo, nariz ancha, lampiño, su anatomía es de esas que aguantan y empujan. El silencio y la humildad fueron su mayor ataque, también su mayor defensa. Ser “el elegido”, entre cien gauchos no debe ser poca cosa. Ser mapuche, entre cien gauchos, tampoco debe ser poca cosa…

-Me comentaste que en unos días se jubilan y dejan de trabajar. ¿Por qué se van, y que piensan hacer después de tanto tiempo en estelugar?

-Mi pétalo está cansada, yo me quedaría. Pensamos disfrutar de nuestra casa que terminamos de construir hace poco. Seguir viajando y pescando por todo el país como siempre lo hicimos en nuestras vacaciones. Dedicarnos a nosotros, y obviamente venir al campo a pescar en el arroyo y a comer asados…

Juan es patrón sin hectáreas, padre sin hijos.  Juan es del agua turbia del Vivoratá, de la sierra Balcarceña, de su pétalo Mabel. Pero ante todo, Juan Vargas es de la tierra, de la palabra que no traiciona, del respeto que se gana con trabajo y humildad.

La entrevista llega a su fin. Apago el grabador y guardo el cuaderno. Él prende nuevamente un cigarrillo. Me ofrece uno con una simple sacudida del atado. Acepto, pero niego el fuego. Me despido de Mabel y después de Juan. Atino a darle un beso con abrazo, como saludamos en la ciudad. Pero en el campo se saluda con la mano firme a la altura del estómago, y así se despide de mí.

Me subo al auto y lo prendo, ellos dos me saludan con la mano. Los perros esta vez no salen a correr, se quedan bien cerquita de él, pero sin sacarme la mirada de encima. Le doy fuego al Imparcial y empiezo a andar el camino de tierra mientras dibujo esta entrevista en mi cabeza.

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