Trabajos prácticos de alumnos de DeporTEA

El fruto del destino

Por Branco Troiano (trabajo ganador del 1º puesto del Concurso Periodístico 2014, en 1º año)
 

Firmó contrato Fede, Humbertito!” Palabras entre lágrimas de una madre al enterarse que su hijo menor cumplía el sueño de su vida.

El nuevo jugador profesional del Club Atlético Aldosivi, Federico Caprichoni, posee una rica historia de vida, la cual transformó a un niño de clase baja, nacido un 8 de Abril de 1993, en una promesa del “tiburón” marplatense. De Balcarce, con paso en Santa Fe, llega a esta crónica  “el chuky de la familia”; apodado así por su madre.

De familia poco numerosa y una madre inseparable, nace él, uno de los tantos “soñadores” que forman parte de esa extensa lista de jugadores de fútbol que mucho tuvieron que sobrepasar para llegar al tan ansiado objetivo. Un arduo camino que tuvo su momento bisagra: la muerte de su padre, cuando éste último volvía de uno de sus viajes anuales a Brasil. Federico, para ese entonces, sólo tenía 12 años. Dos años antes, la familia se había trasladado a Villa Constitución, Santa Fe, ya que allí se ahorraban el alquiler de una vivienda gracias a sus abuelos. Momento crítico aquel en la familia Caprichoni. La madre debía “ponerse la cinta de capitán” y liderar un equipo desconcertado y sin capacidad de reacción. Bastante bien lo hizo: logró conseguir trabajo en una compañía de seguros de aquella ciudad; y eso posibilitó que sus dos hijos continuaran con la secundaria sin problemas.

Con una vida algo más organizada, aunque cargada con la lógica tristeza de la pérdida de su padre, Federico se topó con una gran chance en su “carrera”: luego de tres pruebas en semanas distintas, había logrado fichar en Racing Club de Avellaneda, uno de los clubes más importantes en la historia del fútbol argentino. Ahora lejos de su familia, “el chuky” se hallaba en un nuevo mundo; una nueva realidad. Ya no estaba mamá, ni Humberto. No había más ropa limpia por arte de magia, beso de las buenas noches, ni platos de comida a elección.

Seis meses duró la experiencia. El joven sufrió una rotura de ligamentos en la rodilla, lo que hizo que “quede libre”; acaso las peores dos palabras que un futbolista puede escuchar.

Volvió a su casa, lugar que esperaba con los brazos más que abiertos a un chico había sido defraudado por su único amor, el fútbol.

Ya sin ganas de volver a intentarlo, decidió jugar en el club barrial, pero dedicándole su mayor esfuerzo al estudio. Su madre, “chocha”; aunque poco le duró… ¿Por qué digo esto? Con tan solos dos meses consumados de su vuelta a Villa Constitución, sonaba el teléfono fijo de la casa. “Fede, es para vos”, le dijo su madre. La llamada era del Club Atlético Aldosivi de Mar del Plata. La misma le comunicaba que lo estaban siguiendo desde hace tiempo. Los seis meses en “La academia” le bastaron a la dirigencia marplatense para ofrecerle al nacido en Balcarce estadía en la pensión del club, para luego sumarlo a las filas de su séptima división juvenil. Sin pensarlo dos veces y dejando de lado las dudas de su madre, “el chuky” decidía irse para la ciudad balnearia en busca de su sueño, el cual había sido frustrado en su paso por Racing.

Aquí encontraremos, según Federico, la anécdota más loca de su vida: un lunes por la mañana se instalaba en la pensión. Cuatro días después lograría el tan ansiado debut; y no futbolístico… Sí, Fede tenía su primera relación sexual, aunque lo gracioso no fue eso, si no cómo llegó a hacerlo. Los más grandes de la pensión (todos ellos jugadores de la cuarta división y fanáticos del Indio Solari) simpatizaron con el recién llegado ya que este llevaba puesta una remera del cantante. Al darse cuenta que él era igual o más fanático que ellos, no dudaron en darle el premio máximo que le podían otorgar los grandes a los más pequeños en la pensión, el de pagarle una “muchachita” que lo hiciera tener su primera vez. Espectacular recibimiento fue el que tuvo en su “nueva casa”, semejante al de La 12 en la final de Copa Libertadores con Santos de Brasil; o al de La Guardia Imperial el día que los hinchas de Racing Club desplegaron un telón casi tan grande como su estadio.

Sus días se pasaban entre los entrenamientos, los mates y los torneos de truco que se armaban en la pensión. Notaba un crecimiento notorio en su juego, lo cual lo confortaba y proveía de más ganas y predisposición. Eso sí, extrañaba a horrores a su madre. Tanto sufría aquello que durante un mes (ya transitando la sexta división, con 15 años de edad) decidió trabajar en la limpieza de un mini-mercado del puerto y así poder pagarse el pasaje para ver a su familia durante un fin de semana entero.

La sexta división lo vio “explotar”. Aun conservando su posición de marcador lateral, lograba marcar nueve goles en veinticuatro partidos, una marca realmente asombrosa que dejaba boquiabiertos a los dirigentes del club. El pibe de Balcarce comenzaba a hacerse de un nombre en Mar del Plata; ya no era el fanático del Indio Solari, si no el número tres que marcaba más goles que los delanteros de su equipo.

Con los pergaminos ya mencionados, logró pasar sin problemas la quinta categoría del “tiburón”, llegando al tercer puesto en el torneo de AFA, en un año que lo vio anotar cuatro goles, dos de ellos ante River Plate, en un histórico 4-2 para las inferiores de Aldosivi. Se venía lo mejor, la cuarta división. El año que lo podía transformar en un profesional, o devolverlo a Villa Constitución con las manos vacías.

Un 2014 raro en su vida. Cuarta división, un paso del profesionalismo, un paso de la primera del club. ¿Por qué digo “raro”? Nunca había sido suplente; este año, el más importante en la etapa de inferiores, lo veía ubicado en el banco de los relevos durante los primeros siete partidos del torneo. Los contratos se aproximaban, fines de Junio era la fecha. La dirigencia decidía quién se transformaba en profesional y quién se volvía a su casa. La desesperación, tensión y ansiedad se incrementaban. “El chuky” lograba volver a la titularidad a falta de cinco partidos para la finalización del certamen. La misma era nefasta: con dos errores propios el equipo perdía ante Rosario Central por 2-0 y su DT decidía, nuevamente, “sentarlo” en el banco.

Ya por la mitad del mes de Mayo, Fede tomaba como rutina diaria llamar llorando a su casa para descargarse por el negro final que se venía venir. Tantos años de esfuerzo que se volverían basura.

Llegó el día, 26/6/2014. Los integrantes de la cuarta división del club debían presentarse en la oficina general para conocer su veredicto. Habiendo dormido media hora en toda la noche, Fede se dirigió hasta el club sin esperanzas.

Estaba equivocado… Leandro Aguirre y Marcelo Cardozo, los dos marcadores laterales zurdos que tenía la primera división rescindían su contrato, por lo que era inevitable contratar al que se desempeñáse en esa posición. Nadie lo podía creer, pero sí, Federico Caprichoni era nuevo jugador profesional del Club Atlético Aldosivi de Mar del Plata.

Con sueño cumplido, el joven llamaba a su casa para comunicar la noticia.

Bibliografía: el mismo personaje.

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