Trabajos prácticos de alumnos de DeporTEA

El dueño de la Técnica

Trabajo  ganador del 1º puesto del “Concurso Periodístico 2010”  Periodismo Deportivo – Nicolás Quintillán (1º año)

“La escuela es mi casa”. Estas palabras no pertenecen a un alumno con asistencia perfecta y notas envidiables, ni a un profesor fanático de la enseñanza, sino a un personaje muy particular dentro del ámbito escolar. “Paso cerca de 17 horas en este lugar”, explica David Domínguez, que se desempeña como portero de la Escuela de Educación Técnica Nº 3 de Mar del Plata desde hace 21 años.

David llega al Industrial a las 6 de la mañana, prende todas las luces del establecimiento, abre cada una de las puertas y portones de aulas y talleres, y enciende las enormes y oxidadas calderas que abastecen al edificio. Eso, claro, si no despierta en su cama ubicada en el sótano del colegio, donde habitualmente pasa las noches. “Tengo mi piecita y un montón de ropa acá”, afirma con una sonrisa en la cara. Las distancias y los tiempos impiden que luego de trabajar, vaya a su precaria casa del barrio La Herradura, a la que sólo acude los fines de semana.

Todos los días, David distingue casi 2500 personas entre alumnos, docentes, auxiliares y administrativos, no sólo de este colegio, sino también del Instituto Superior de Formación Técnica Nº 151, que utiliza el edificio para dictar clases en el turno noche. Y aunque parezca un gran número, este portero es capaz de reconocer cada una de las caras que se cruzan frente a él.

Muchos de los actuales profesores fueron sus compañeros hace 39 años, cuando el colegio aún llevaba el nombre de ‘Escuela Nacional de Educación Técnica Nº 1’. Pero en 1994, la presidencia de Carlos Saúl Menem se encargó de quitarle ese patriótico título y el Industrial pasó a manos de la Provincia. “Cuando yo estudiaba acá era una pinturita, pero ahora es una vergüenza, se cae a pedazos. Desde que el colegio ya no es nacional, no le dan bola, nadie se hace cargo del edificio ni de la educación”, sostiene David con tono de resignación.

Desde su lugar de portero, ve pasar los años y al mismo tiempo, las distintas generaciones. “Yo me acuerdo que venía a la escuela de jean y camisa, y usaba un mameluco para taller. Estos chicos vienen vestidos de flogger, de punk, y de dark. Algunos vienen con rastas y hasta fuman porro. Hay de todo”, comenta Domínguez, mientras señala a la multitud que se encuentra en el patio.

Y a la par de las vestimentas y los estilos, el respeto también cambió. David debe soportar denigrantes insultos y burlas de parte de los alumnos, que le dicen: “Volvé a tu cueva, indio”, haciendo referencia a su aspecto. Pero él agacha la cabeza e ignora las agresiones, porque quiere que esos chicos tengan un porvenir diferente al suyo, que aprovechen las posibilidades que él dejó pasar. “Yo no supe formar mi futuro, realmente podría vivir mejor, y no así, pero soy un hombre conflictivo. Incluso llegué a dejar de tener contacto con mis padres”, reflexiona Domínguez.

En los interminables pasillos de la Técnica, se escucha siempre el golpeteo de un manojo de llaves. Y es que cualquiera podría afirmar, sin dudas, que David es el dueño del viejo Industrial, ya que tiene acceso a todas las cerraduras que existen en el edificio. Pero su apariencia no engaña. Lejos de ser un empresario o un alto directivo, esos cabellos largos y desprolijos, llenos de canas, muestran la figura de un auténtico portero. Sus ropas viejas y rasgadas son testigo de largos años de trabajo. Eso sí: su campera de jean nunca falta en invierno. “¡Che pibe, pará!”, grita constantemente. “Estos chicos se la pasan haciendo bardo”, se queja Domínguez, siempre con mal humor. Esa voz fuerte y tosca que lo caracteriza impone miedo y autoridad, aunque muchas veces los chicos burlan sus retos.

David lamenta no haber podido cumplir sus dos grandes sueños: ser docente y formar una familia. Pero diferentes problemas personales hicieron que esa posibilidad fuera cada vez más remota. Según él, nunca pudo ni supo tener un hogar. “Sé que son palabras muy duras, pero tengo que aceptar la realidad”, recapacita. Y realmente parece que el destino fuera así de cruel con este hombre que se aferra a su trabajo para intentar olvidar la historia que lleva fuera del colegio.

Por eso, David traslada la vida hogareña a la escuela: toma como familia a los compañeros de trabajo que conoce desde siempre, y su casa se transforma en ese enorme edificio de 71 años, por el que pasea todos los días. “Conozco este lugar como a mí mismo. Si me vendás los ojos, tardo 15 minutos más, pero hago todo de memoria”, asegura entre risas.

Y como si fuera poco, este hombre se encuentra a diario con insólitas tareas: “Saco perros, gatos, ratas… un par de veces se metieron unos linyeras a dormir en el hall y también los tuve que echar. Y, a veces, hasta tengo que limpiar las necesidades que los chicos tendrían que hacer en el baño pero dejan en las escaleras”, cuenta David. Pero esto es sólo una parte de su inusual trabajo. Durante las vacaciones de verano, cuando los alumnos y docentes no concurren al establecimiento, él debe ir todos los días, incluso los fines de semana. Es que en este receso, la Técnica presta sus instalaciones como hospedaje para efectivos policiales del Operativo Sol y personal de Prefectura, los salones se transforman en oficinas del Gobierno y hasta hace las veces de centro de vacunación.

A pesar de todo esto, David no recibe un aumento desde hace 7 años, y su salario es muy bajo. “Lo que cobro no es lo que debería para tantas horas de trabajo. Vivo acá y no tengo que trasladarme, pero es poca plata”, reclama.

A los 57 años, el ‘Negro’, (como le dicen sus ex compañeros), ya no piensa en mejorar su futuro. Detrás de ese rostro lleno de arrugas, que justifica una vida dura, sacrificada y poco llevadera, hay una persona humilde que siente una pasión difícil de entender por un trabajo simple, pero esclavizador. Nunca tan bien dicha la frase ‘Es como mi segundo hogar’. De hecho, para David, lo es. Y por eso, teme el día en que deba abandonar su puesto. “Cuando Marta, (la vicedirectora del establecimiento), me diga que tengo que dejar de trabajar acá, no se que voy a hacer con mi vida”, plantea Domínguez.

La Escuela de Educación Técnica Nº 3 siempre se caracterizó por llevar a cabo decenas de proyectos con fines solidarios, ecológicos y sociales. La limpieza del arroyo

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