Trabajos prácticos de alumnos de DeporTEA

Con motor G8

por Emiliano Quezada, 3er año.

Así que ahí van, nuevamente los ocho, para decidir y esgrimir el futuro de sociedades que no los eligieron como representantes. Electos en sus respectivos países, hacen uso del slogan que señala que riqueza es poder y el poder es dominio. El escenario varió pero los partícipes son los mismos, esta vez los que deberán escuchar sus chicanas serán los habitantes del país galo.

Bombas nucleares, energía atómica y nuevas comunidades basadas en intereses evidenciarán la cotidianeidad de estas reuniones entre lo mandatarios de los países más poderosos. Resulta imposible pensar que la redistribución de riquezas no se toque en un acto de esta envergadura, y más aún teniendo en cuenta que entre estos ocho países reside un tercio de la economía global, pero en el primer mundo la solidaridad y compromiso no son moneda corriente, y menos en estos casos.

Un buen sociólogo o politólogo, o un buen ciudadano pensarían que es enriquecedor un debate entre personajes de esta talla. Pero no seamos ingenuos. La brillantez de un diálogo pierde color cuando escasean matices y posturas, y si hay algo que caracteriza estas charlas es su monotonía intelectual.

Después de todo, los problemas de los demás no son los inconvenientes de ellos, variante lógica teniendo en cuenta que uno de ellos es el que reparte los naipes verdes y sus siete amigos reciben los ases.

Sí que ahí van, nuevamente los ocho a comer sushi con champagne y a vanagloriarse de sus acciones de los últimos meses: eliminaron el terrorismo, fomentaron las privatizaciones y continuaron el proceso de cimentar las bases de las instituciones capitalistas.

Y ahí vamos nosotros, a mirarlos, escucharlos y leerlos. A creer que bajo la conducción de esos seres de miradas altivas, la democracia todavía es posible.

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